Un nuevo panorama?
La canción del verano es uno de los fenómenos que desde siempre me han dejado más perplejo. Música machacona y letras absurdas pero pegadizas y que se hacen un hueco propio durante el periodo estival.
Nadie sabe a ciencia cierta el camino que siguen para instalarse en radiofórmulas y discotecas playeras pero todos sabemos que cuando la noche del 31 de agosto llegue a su fin se producirá el milagro del olvido.
Aquellas canciones que nos divertían tanto volverán a resultar insulsas y los empresarios discográficos comenzarán a pensar cuál será la próxima canción del verano.
Este año, el máximo candidato para alzarse con tan preciado galardón es un grupo desconocido hasta hace un par de meses, El Koala.
Su canción Opá, yo viazé un corrá suena una y otra vez en radios, reproductores mp3 y chiringuitos.
¿Qué hace que esta canción sea diferente a las demás del verano? Artísticamente mantiene el tono lamentable de sus compañeras de travesía pero hay algo que le da valor: ningún intermediario, ningún empresario discográfico, ningún comercial la ha promocionado.
Los miembros de El Koala nos dan la clave: “Hicimos un videoclip que alguien colgó en Internet. Allí ha sido una bomba, y ha volado como la pólvora. Tenemos que agradecer muchas cosas a mucha gente, pero desde luego especialmente a quien lo colgó por primera vez, que no sabemos quién fue”.
Esto no sólo demuestra que Internet se ha convertido ya en una herramienta imprescindible para infinidad de cosas sino que, a la larga, entidades de gestión de derechos de autor como la SGAE o la enorme cantidad de intermediarios a los que se enfrentan actualmente los músicos, están en peligro de extinción.
Caminamos hacia un nuevo modelo de industria musical. Los artistas tienden, cada vez más a la autoproducción y con la ayuda de Internet, precinden cada vez más de los canales clásicos de distribución.
La industria dice que esto es piratería pero los miembros de El Koala lo tiene muy claro:
“Estoy contentísimo y agradecido a la piratería, ya que mi disco está en las tiendas y funcionando muy bien por la promoción que se le ha dado. Todos sabemos cómo funciona Internet; allí está todo. No me puedo quejar de la piratería en la Red, sobre todo porque está sirviendo para que la gente también busque el original.”
De momento la industria musical ha seguido la vía más fácil y peligrosa: perseguir a aquellos que intercambian libremente archivos musicales en Internet.
Rara vez se han conseguido avances persiguiendo y limitando derechos adquiridos. Cuanto más se prohíba, mayor será el ansia de libertad, cuanto más se censure, más fuerza tendrán las redes de intercambio de archivos.
Los músicos han de ser los dueños de sus obras y tarde o temprano, también las discográficas lo entenderán.



