¿Y si cuando nacieras te implantasen un chip en el cerebro que grabase cada momento de tu vida? ¿Y si cuando murieses tus familiares montasen un vídeo homenaje seleccionando los mejores recuerdos para que pasaran a la posteridad? ¿Qué se seleccionaría? ¿Se deformaría la memoria colectiva que tienen las personas de uno mismo? ¿Y el miedo de saber que le están grabando las 24 horas del día.. que después todos sus recuerdos serán utilizados para un vídeo promocional?
Todas estos interrogantes los propone la película que hoy he alquilado en el videoclub. Se llama "The final cut" y está protagonizada por Robin Williams que últimamente parece haber dejado la comedia a un lado y se está decantando por personajes más siniestros.
La película, que es del año 2004 y que cuenta también con la intepretación de Mira Sorvino no es nada del otro mundo. Ni siquiera se si ha sido estrenada comercialmente en los cines de España. Sin embargo, deja un mensaje inquietante... ¿hasta dónde es ético llegar? ¿se puede hacer todo en nombre de la ciencia y el comercio?
Como he planteado en la entradilla el resumen de la película es simple. Williams en un montador de recuerdos. Vamos es que una vez muertos los portadores de los chips, se dedica a seleccionar los recuerdos "que los demás quieren ver" para montar su vídeo póstumo. Él selecciona las partes agradables, las que provocan las emociones fáciles.. y deja de lado asesinatos, vilaciones, discusiones, tristeza, soledad... dice de sí mismo "soy el que devora los pecados de la gente"
La recomiendo no tanto por su calidad artística, sino por su capacidad de perturbar, de llamar al debate interior, de producir una reflexión que no se produce en la mayoría de las películas intrascendentes que fagocitamos para dejar pasar el tiempo.
¿Cómo actuaríamos si supiésemos que todo lo que hacemos y decimos estará grabado? Un gran hermano interior pero a lo bestia :)
* creo que la traducción al español es algo así como "la memoria de los muertos"



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