Era yo un chicuelo de unos 12 años. Iba con mis 25 pesetas que me había dado mi mamá para comprar el pan. Anduve que te anduve hasta que una señora enorme (o almenos a mi me pareció que era gigantesca) me paró y me dijo con voz estridente.
- Pequeño, sabes donde queda la calle joroñaquejoroña?
- y yo.. pues.. ein? (y es que aunque seguramente habría pasado miles de veces por esa calle, nunca había aprendido el nombre)
A partir se ese momento el maleficio calló sobre mí:
prácticamente a diario me preguntaban sobre calles, tiendas, paradas de metro, restaurantes, animales perdidos, dentaduras postizas, crímenes sin resolver...
Y no sólo eran los españoles los que veían en mí un blanco fácil en el que descargar sus dudas existenciales, lo mismo hacían los extranjeros (y la mayoría no hacían el mínimo esfuerzo por que yo les entendiese):
-may I ask you a question little bastard?
-ou es ce-que si trouve le palais royale?
-dove posso trovare una trattoria spagnola?
-joroña que te joroña en mi templekus giorgatos?
- shin lao pin kwa lin el real madrid?
Obviamente, todo esto ha acabado abrumándome. Y aunque siempre he puesto la mejor de mis intenciones en dar una respuesta correcta, muchas veces me he equivocado y les he mandado donde no era.
-que si querían ir al prado pues les mandaba al prado sí, pero el de las vacas
-que si querían ir a puerta cerrada les mandaba a la puerta de alcalá (que pa eso es más bonita)
Me han preguntado en mi barrio y fuera de mi barrio, me han preguntado en otras ciudades de España y de Europa y una vez me preguntaron por una calle en el Cairo...
En fin total que ahora cada vez que preguntan, me encojo de hombros, pongo cara de guiri y digo.. pues... va a ser que no



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