Prometo que este no es un post sobre los Óscars.. bueno en realidad sí que lo es pero digamos de una forma un tanto lateral. Es verdad que han sido unos premios los de este año un tanto atípicos. Películas sobre homosexuales, películas de corte político, biográficas.. polémicas, independientes.. de bajo presupuesto...
Han sido de hecho por decirlo de alguna forma los Anti-Oscars.. como si Hollywood cansada de sí misma hubiese querido volver a la ensencia de su ser: el cine. Porque no nos engañemos, hace ya bastante tiempo que en Hollywood el cine no es lo más importante. Son tiempos en donde el llamado séptimo arte ha dejado de serlo para convertirse en un producto de consumo más... al mismo nivel que el de las palomitas que le acompañan.
Ha sido una ceremonia tan atípica que incluso les ha costado sudar tinta para encontrar patrocinadores y anunciantes. El americano medio no ha visto casi ninguna de las películas que competían y parece que sólo han tenido éxito entre la crítica especializada.
Como siempre, los medios conservadores (hay que te quiero ver en primera línea, Fox) han soltado sus perlitas contra una industria a la que siempre se le ha querido tapar la boca de una forma o de otra. La frase "No son las películas que nos gustan a los americanos, casi podría decirse que son anti-americanas" ha salido de los labios de más de uno y más de dos periodistas y políticos.
Y es que 3 de las 5 películas finalistas hablaban abiertamente de los grandes tabús estadounidenses: homosexualidad, racismo, manipulación informativa. Tres temas que aún duelen en la América profunda... esa América aún hoy en día anclada en la guerra de secesión.
Así, si hay un país en donde más claramente vea el equilibrio del Ying y Yang es precisamente en Estados Unidos. Tiene a Bush pero también a Truman Capote; tiene a Bill Gates pero también a Andy Warhol; tiene a Enron pero también a Pixar; tiene a Dan Brown pero también a Woody Allen. Tiene a Texas pero también a San Francisco, tiene a Tulsa pero también New York.


